Hidalgo surrealista o ¿hiperrealista?

Metro Hidalgo, 15 de abril de 2011, 15:43 hrs.

Reportando desde las entrañas de la línea 3 del Metro de la Ciudad de México en un viaje anecdótico y caluroso.

A la entrada de la estación me llamó la atención una señora que tuvo a bien colocar su campo base, con todo y love seat, desde el cual administraba su precario negocio de venta de mango en vaso,  incluyendo, claro, el condimento de calle, tradicional en las frutas expuestas al aire libre.

Esos detalles atraen mi mirada, pero los olvido pronto cuando ocupo la atención en decirme que adentro del Metro no hace tanto calor, no estoy tan apretado y el cuerpo de otro cabrón no me está tocando las nalgas. Me abstraigo, pues. Pero, en este caso, la sucesión de eventos me mantuvo en alerta desde que topé a un contingente de agentes que me pidieron pasar mis cosas por el detector de metales. Todo normal, si acaso un detector de metales en el Metro se puede considerar normal, pero el aparato no dejaba de sonar y ponerse en rojo anunciando la presencia de cuerpos sospechosos. Supongo que el agente encargado asume de facto que siempre se trata de llaves, vibradores o armas sin fines de agresión, porque se notaba más enfocado en agilizar el tránsito peatonal que en las indicaciones rojas de la alarma que, por cierto, entró en pánico cuando pasé.

Sin ahondar en la peculiar vendimia característica de la estación Hidalgo, inundada del aroma a tortas de $15 pesos y que ahora también incluye ‘centros de hidratación’ gratuitos, solo me queda reportar mi encuentro cercano con un nutrido clan estudiantil de nivel medio superior portando uniforme azul y oro que saturaba el andén con sus cánticos de victoria y odio, siempre escoltados por unos sonrientes granaderos que portaban sus toletes al mejor estilo ‘espada del augurio’, es decir, al frente, como si la herramienta les ayudara a ver mejor.

Ante el tradicional espectáculo mexicano de la capital, lo más interesante, estimo, debió haber sido lo que pasaba por la mente de los cientos de personas que navegaban, absortos, por su rutina de viernes entre quincenas, en una actitud de innegable aceptación y mantenimiento inconsciente hacia la sociedad que construimos día a día. Busqué miradas que, como la mía, reflejaran el sentimiento de encontrarse en una novela de Bradbury o en un bosquejo nebuloso de Carrington, pero no coincidí con nadie, creo que la realidad del Metro por dentro y de frente hace más fácil la abstracción mental que la confrontación a lo que es la vida diaria en sus túneles.

Fin del reporte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s