Tribulación en el Vip’s

Estoy en un restaurante de cadena en el DF, en la Condesa, para ser más preciso. Estoy aquí después de pasar la noche en el hostal usual que me recibe cuando no tengo otro lugar donde quedarme en la ciudad. Fue una buena noche de sueño, tuve apariciones de muchas escenas, los fantasmas normales que me acompañan.

Si pudiera tomar una fotografía del restaurante con mis ojos se vería un cuadro que podría ilustrar 1984 de Orwell. De fondo hay un ventanal enorme que da al muro amarillento del edificio de enfrente, es un muro bien pintado, con pocos rasguños, el sol le pega directamente, ofreciendo y juego de brillos y sombras que me recuerdan la fotografía de Gattaca, esa película distópica donde se pueden conocer las características de una persona a partir de un sencillo análisis de ADN.

Colgada de uno de los pilares entre el ventanal hay una televisión que presenta la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de invierno en Rusia. Los camarógrafos tienen preferencia por capturar a deportistas de sonrisa perfecta, especímenes humanos físicamente aptos que portan banderas y uniformes. Cierto, no son realmente los camarógrafos los que deciden qué capturar, son los ratings. Me llama la atención que se conserve el sueño del ser humano perfecto, absolutamente apto, no se por qué me atrae tanto la idea, creo que me parece absurdo aunque en reconozco que debe ser natural, tenemos tendencia a buscar el mejor espécimen disponible para crear descendencia. Me pregunto qué opinaría Richard Dawkins de este pensamiento. Seguramente ha escrito del tema hasta hartarse.

La escena de la pared de Gattaca y la perfección humana bajo el tendido casi circense de los Juegos Olímpicos contrasta con las personas que tengo enfrente, con sus alimentos y actitudes. A unos 15 grados a la derecha en mi campo de visión tengo a dos señores uno de ellos ya pintando sus buenos 70 años; se toman un café y manotean al hablar entre ellos, pero no al coquetear tristemente con las meseras. ¿Qué pasará por la mente de esas empleadas cuando se dan cuenta de que son el objeto del deseo de un señor que confundió el Vip’s con un club para caballeros?

Cada vez que me detengo a considerar estos pensamiento regreso en círculo a la cita que Alan Moore colocara en voz de Dan Osterman, mejor conocido como el Dr. Manhattan en Watchmen: “They say their efforts are to build heaven, yet their heaven is populated with horrors.”

¿Qué horrores encuentro en la escena que no consigo fotografiar solo con la mirada? Probablemente quien me lea podría considerarme ingenuo, tal vez con sobrada razón. En mi escena no hay muerte, violaciones ni esclavitud, no en el sentido que las películas y noticias por igual nos han enseñado a temer y aborrecer. Pero, ¿qué no se puede considerar esclavitud la rutina de una mesera que gana lo mínimo para seguir enviando a sus crías a la escuela y poder comprar, frecuentemente con sistemas de deuda, uno que otro producto de última modernidad que en realidad no necesita? Muerte es ir a un restaurante y que te ofrezcan alimentos procesados que en 30 años habrán contribuido a que tengas cáncer, violación es… no, creo que tendría que forzar el ejemplo, no estoy seguro de dónde colocar la violación en la escena que veo.

Tal vez todo está en mi mente, son mis recuerdos los que me hacen sentir en una escena de 1984. Lo describiría como haber llegado a una sociedad que no me pertenece, con rutinas y valores que intuyo inconsistentes. No pido mucha atención en este pensamiento, no tengo los recursos eruditos para defenderlo como mereciera en una conversación seria, pero baste decir, para quien guste sentarse a considerarlo un momento, que me pareciera que la imagen que tengo enfrente es una ilusión, una mera puesta en escena que surgió silvestre sin una mano que la delineara con algún objetivo definido. No fue a propósito. En fin, insisto, tal vez la muerte, la violación y la esclavitud están solo en mi mente al ver este cuadro, las personas en la televisión parecen muy felices aplaudiendo y mostrando dientes perfectos y la mesera objeto del coqueteo senil también sonríe, incluso puede ser que le guste sentirse atractiva, aunque sea para el vejete con mal oído.

“They say their efforts are to build heaven…” Si no supiera de dónde vengo -si acaso es de donde creo-, diría que me equivoqué de mundo al despertar esta mañana.

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